Euphyllura olivina, comúnmente conocido como el “algodoncillo del olivo”, es un insecto homóptero perteneciente a la familia de los Psílidos. Históricamente, su presencia en el olivar ha sido frecuente, pero no ha representado una amenaza significativa que justificara medidas de control fitosanitario.
Las Guías de Gestión de Plagas del Ministerio de Agricultura han considerado tradicionalmente a Euphyllura olivina como una plaga secundaria, dado que sus efectos sobre la producción de aceituna eran marginales. En consecuencia, no había tratamientos químicos autorizados para este uso en el cultivo.
Aumento de daños a partir de 2017
Desde 2017, se ha observado un incremento drástico en los daños ocasionados por esta especie en algunas zonas concretas del sur de España, con pérdidas en la cosecha de aceituna que oscilan entre el 20% en los casos menos severos y hasta un 80% en los más extremos. Estas cifras se han traducido en pérdidas de aproximadamente 6 millones de kilos de aceituna, lo que equivale a 1,2 millones de kilos de aceite de oliva, afectando más de 400 hectáreas de olivar en el sur de la provincia de Córdoba.
Ciclo biólogico de Euphyllura olivina
El algodoncillo del olivo incide principalmente en la floración del árbol, generando asfixia en las flores y provocando su desecación. Además, las ninfas de Euphyllura olivina se alimentan de la savia del olivo, debilitando la planta y reduciendo su capacidad productiva.
El ciclo vital de este psílido está estrechamente ligado a la actividad vegetativa del olivo:
- Primera generación: Se inicia al final del invierno y comienzos de la primavera, afectando las nuevas brotaciones.
- Segunda generación: Coincide con el desarrollo de inflorescencias y yemas, período en el que se generan los daños más críticos. Las ninfas segregan una sustancia algodonosa protectora mientras se alimentan de la savia, lo que debilita la planta y reduce significativamente la fertilidad del olivo al provocar la caída prematura de botones florales y una disminución en el cuajado de frutos.
Factores ambientales y regulación natural
El desarrollo de esta plaga está fuertemente influenciado por las condiciones climáticas. Los años secos favorecen su proliferación, mientras que las lluvias intensas pueden reducir considerablemente la población de ninfas.
De manera natural, Euphyllura olivina es controlada por diversos enemigos naturales, entre los cuales destacan Chrysoperla carnea y Anthocoris nemoralis como depredadores y, Alloxysta eleaphila y Phyllaephagus euphyllura como parasitoides. Desde Sanidad Vegetal se ha planteado que la proliferación de esta plaga podría estar relacionada con el descenso poblacional de sus predadores y parásitos debido al uso intensivo de insecticidas piretroides.
Estrategias de control y uso de insecticidas
El Consejo Oleícola Internacional ha establecido un umbral de tratamiento fitosanitario cuando se detectan al menos 2 ninfas por inflorescencia o más del 60% de las inflorescencias cubiertas por la secreción algodonosa. No obstante, este tratamiento coincide con una fase crítica para los organismos auxiliares, por lo que se recomienda evitar el uso de piretroides y otros insecticidas no respetuosos con la fauna auxiliar.
Ante el riesgo de una nueva infestación, el Ministerio de Agricultura ha autorizado excepcionalmente el uso de productos fitosanitarios a base de piretrinas 4,65%, como el extracto de pelitre, entre el 15 de febrero y el 14 de junio de 2025. Sin embargo, la efectividad de esta medida excepcional no está clara del todo y te explicamos el porqué.
El principal obstáculo en el control fitosanitario de Euphyllura olivina radica en la capacidad protectora de su masa algodonosa, compuesta por filamentos cerosos que impiden la penetración de insecticidas. Por ello, la clave del control reside en deshacer esta barrera para facilitar la acción de los productos fitosanitarios.
Para deshacer esa masa algodonosa se recomienda la aplicación de soluciones de carácter oleoso, como GLOBBER, cuya composición le permite adherirse fuertemente a los filamentos cerosos que conforman el algodón creado por las ninfas de Euphyllura olivina para protegerse. Esto permite la disolución de la masa algodonosa y facilita la acción del insecticida sobre el psílido, maximizando su eficacia y garantizando un mayor nivel de control.
Otros casos de éxito
En 2024, con el objetivo de desarrollar estrategias de control integrado frente a plagas que generan secreciones algodonosas protectoras, tales como la citada Euphyllura olivina o Eriosoma lanigerum (pulgón lanígero del manzano) se implementaron protocolos basados en la combinación de insecticidas autorizados, como deltametrina o acetamiprid, con el bioestimulante GLOBBER. Los resultados mostraron un incremento en la eficacia del insecticida entre un 15% y 20%, además de un impacto visual significativo, gracias a la eliminación prácticamente total de la secreción algodonosa en ramas, brotes e inflorescencias.
La proliferación de Euphyllura olivina en los últimos años ha evidenciado la necesidad de estrategias de control integrado más eficientes y sostenibles. La aplicación indiscriminada de insecticidas piretroides no solo ha mostrado una eficacia limitada debido a la barrera algodonosa protectora del insecto, sino que también ha afectado negativamente a los enemigos naturales que regulan su población.
El uso de bioestimulantes como GLOBBER, en combinación con insecticidas autorizados, ha demostrado ser una solución viable al mejorar significativamente la penetración y eficacia de los tratamientos fitosanitarios. La implementación de este enfoque podría marcar un punto de inflexión en la gestión integrada del algodoncillo del olivo, contribuyendo a la sostenibilidad del cultivo y a la protección de la biodiversidad del ecosistema olivarero.

